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Candidaturas universitarias

Carta de motivación para un máster: ejemplo comentado

Una carta de motivación redactada para una solicitud de máster, con la explicación de por qué cada párrafo está ahí y qué se salta la comisión de admisión.

Equipo Laddro
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No es la carta que envías a una empresa

El error más común ocurre antes de escribir la primera línea: se coge la estructura de la carta que acompaña a un currículum y se cambia "empresa" por "universidad".

No funciona, porque los dos textos defienden cosas distintas. Uno sostiene que ya sabes hacer un trabajo. La carta de motivación sostiene que estás en condiciones de aprender algo que todavía no sabes hacer, y que este departamento concreto es el sitio adecuado para aprenderlo.

De ahí sale otra estructura. En una carta de trabajo los resultados van delante. Aquí va delante una pregunta que no supiste responder, y detrás la prueba de que has trabajado lo suficiente como para poder formularla.

El ejemplo es de Ana Petrova, graduada en Economía por una universidad búlgara, que solicita un máster en Políticas Públicas. Experiencia laboral: seis meses de prácticas. Es lo habitual, y no es el problema que parece.

Empieza por la pregunta, no por ti

Las aperturas débiles presentan a la persona: "Me llamo Ana Petrova y escribo para solicitar la admisión en el máster en Políticas Públicas". Las dos cosas ya constan en el formulario.

Ana hace otra cosa. Nombra aquello en lo que encalló durante el último curso: por qué dos municipios búlgaros con presupuesto y estructura demográfica casi idénticos obtuvieron resultados completamente distintos con la misma ayuda a la conciliación. Su trabajo de fin de grado midió la diferencia. No pudo explicarla, porque le faltaban los métodos.

Eso es una apertura de verdad. En cuatro líneas la lectora sabe qué quiere Ana del programa, y lo sabe por un caso concreto y no por una fórmula sobre su "interés por las políticas públicas".

Lo aprovechable: en tu primer párrafo tiene que haber algo concreto que intentaste entender y no entendiste. Si no se te ocurre nada, todavía no toca escribir la carta.

Ata la pregunta a este departamento

En el cuerpo es donde las candidaturas se vuelven intercambiables. La señal es cualquier frase que seguiría siendo cierta si cambias el nombre de la universidad.

Ana nombra tres cosas: una asignatura de inferencia causal del segundo semestre, una profesora cuyos trabajos sobre capacidad fiscal municipal leyó mientras escribía su TFG, y la obligación de hacer un proyecto con un cliente real antes de terminar. De cada una explica qué le aporta que su formación actual no le da.

Fíjate en lo que no hace. No elogia el ranking, ni el "profesorado de primer nivel", ni la "comunidad académica vibrante". Esas fórmulas están en una de cada dos cartas y no informan de nada.

Lo aprovechable: nombra al menos dos cosas que solo existan en ese departamento. Un código de asignatura, un grupo de investigación, unas prácticas obligatorias, una lengua de docencia. Si no encuentras dos, quizá el programa no sea el tuyo.

Habla tú de tu punto flojo

La formación cuantitativa de Ana es escasa. Su grado se queda en una introducción a la econometría y el máster da por supuesta estadística de nivel intermedio.

Lo saca en el cuarto párrafo en lugar de confiar en que nadie se dé cuenta. Dice qué ha cursado, nombra el curso en línea de análisis de regresión que terminó en verano, da la nota y añade que está trabajando con la bibliografía preparatoria que recomienda el propio departamento. Y cambia de tema. Tres frases, sin disculpas.

Las comisiones no buscan expedientes impecables. Buscan gente que sepa dónde está, porque esa gente pide ayuda en la tercera semana y no en la undécima.

Lo aprovechable: localiza la única laguna que se va a notar igualmente. Nómbrala, di qué has hecho al respecto y sigue adelante.

Qué va en el cierre

El último párrafo de Ana tiene cuatro líneas. Dice qué piensa hacer después: análisis presupuestario municipal en Bulgaria, no Bruselas. Nombra el país porque así la afirmación se puede comprobar y resulta algo menos previsible.

Y para. No hay "quedo a su entera disposición" ni agradecimientos por el tiempo dedicado. Un cierre que agradece la lectura es un cierre al que ya no se le ocurre nada.

Extensión y formato

Una página. Entre 500 y 650 palabras. Cuatro o cinco párrafos.

La mayoría de departamentos europeos la quieren en PDF, a espacio sencillo y con la misma tipografía que el resto del expediente. Si el portal impone un límite de caracteres, trátalo como objetivo y no como techo. Un texto que se queda 200 caracteres por debajo de 4000 parece pensado. Uno de 3999 parece estirado.

Los errores que la hunden

  • Contar el currículum en prosa. El currículum va adjunto. La carta sirve para lo que ahí no cabe.
  • Explicar qué son las políticas públicas o por qué importa la educación. Quien lee trabaja en ello.
  • Enumerar cuatro salidas profesionales posibles. Elige una. Cambiar de idea después está permitido.
  • Mandar el mismo texto a seis universidades cambiando solo el nombre. Se nota siempre en el párrafo central.

Última pasada antes de enviar

Tacha toda frase que también sería cierta para otra persona en otro programa. Si se cae más de un tercio, lo que quedaba era andamiaje y no argumento, y hay que rehacer el texto alrededor de lo que ha sobrevivido.

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